Por Paola Pecora
Se suele decir que cuando las noticias no impactan sobre un mercado en la medida que ‘lógicamente’ debieran, es porque la tendencia del mercado está fuertemente marcada y nada la puede desviar. Y eso potencia aún más su dirección original. Si los números de una economía salen negativos, y su mercado bursátil sube, si apostamos a la baja, la mejor alternativa será cubrir la pérdida o bien perderemos nosotros nuestro capital mientras, no cesaremos de repetir: “¡¡pero este mercado no está haciendo lo que debería!!” Cuando quienes ‘no hacen lo que deberían’ somos nosotros. Podría agregar una advertencia: “nunca subestime el poder de un mercado que niega las noticias contrarias a él”.
Según La Nación, “en los cuatro años y medio que gobernó el presidente Néstor Kirchner, la pobreza cayó del 54% al 23,4%, la indigencia del 27,7% al 8,2% y la desocupación del 17,8% al 7,7%. El índice de salarios creció el 89,4% y el alza en el consumo en los supermercados ya supera el 50%. La economía argentina se expandió a un ritmo de más del 8% anual y con exportaciones que este año superarán los US$ 50.000 millones el Gobierno puede declarar auspiciosos superávit gemelos, aunque su solidez esté cada vez más cuestionada. La relación entre estos números y la superioridad electoral del kirchnerismo es reconocida por analistas y asesores políticos de todos los colores.” Nos preguntamos… ¿hasta qué punto son fieles a la realidad estos números? O mejor dicho: ¿lo son?
Los ciclos políticos, económicos, financieros, son ciclos naturales que no obedecen a un descubrimiento encaprichado de algún economista diletante sino a la observación pura de los ciclos universales.
Si repasamos la historia argentina desde la vuelta a la democracia con Raúl Alfonsín en el período 1983-1989, veremos que fue un período convulsionado, con hiperinflación, feroces oposiciones políticas y entrega anticipada de gobierno a Carlos Menem, quien gobernó en dos períodos: 1989-1995 y 1995-1999. Su primer gobierno estuvo signado por una fase positiva tanto doméstica como internacional. Su segundo gobierno fue más marcado a la baja por el escenario más negativo externo y el fin del ciclo argentino positivo, originado en comienzos de su gobierno. Luego llegó De la Rúa, su huida en helicóptero luego de un brevísimo gobierno (1999-2001) en donde el gasto público desbordaba, con festival de deuda pública, y planes con nombres fugados de una película de James Bond, como megacanje, blindaje, corralito, programas con los que se intentó de alguna manera apagar el incendio con un balde lleno de nafta. Luego de generarse el estrambótico record de 5 presidentes en dos semanas, llega Duhalde (2002-2003) con el fin de la convertibilidad, la pesificación, la devaluación. Y su pleno apoyo a su candidato: Kirchner , quien terminó “traicionándolo”, como corresponde a todo peronista de ley. Kirchner llega con su caravana del “Frente para la victoria”, votado por el 22% de la población, sin llegar a ballotage con el segundo candidato: Menem, quien se bajó antes.
Si seguimos saltando para atrás en la historia veremos que cada 8-10 años en promedio, se dan crisis recurrentes que al más fiel estilo tanguero argentino, lo abarcan todo: desde la política hasta lo social, las finanzas y la economía (el economista francés Joseph-Clément Juglar podría haber hecho su tesis en Argentina).
La favorable situación externa (el 50% de las exportaciones argentinas son commodities), un período mundial de bajas tasas y alto crecimiento, sumado a la fase doméstica positiva de que ha disfrutado Kirchner, ha hecho que bajo su gobierno se haya logrado un importante impulso alcista en la economía. Pero cuidado, los ciclos alternan. Y a esta fase positiva le quedarían dos años más de gracia. Si es que todo no estalla antes.
Hagamos futurología leyendo los diarios de mañana: (con el precio de la soja subiendo) “la candidata oficialista es una estadista, una revolucionaria que revolucionó la argentina con ideas innovadoras y una ejecución de dureza implacable”; (con soja bajando un 40 %): “sus políticas son recesivas y tenemos una presidenta devorada por la inflación, incapaz de manejar un club de barrio y sólo interesada por el botox y las carteras de Hermes de 30,000 euros. Impresentable”, (soja bajando un 50%): “llamen al helicóptero”.
Quien asuma la presidencia a fin de año en Argentina, deberá lidiar con un alto gasto, no seguir haciendo ingeniería manipulativa de precios si es que se quiere bajar la inflación -que ya más que duplica los niveles aceptados por el gobierno-, capear una crisis energética que depende hoy del meteorólogo de turno más que de un Ministerio de Planificación Económica para determinar si hay que racionalizar el uso energético o no y obligando a la industria a racionalizar su producción en plena fase de crecimiento económico; una inseguridad in crescendo, que –¡¡también!!- es minimizada por el gobierno, y que si algunos opositores se dedicaran a explotarla, podrían generar daño social como en 2001; tenemos también tarifas públicas que de tan socializadas nos salen carísimas a todos por otras vías (un ejemplo: se subsidia la energía eléctrica residencial pero se penaliza el mayor uso eléctrico al comercio y a la industria, duplicándoles y más a veces el precio a pagar de la energía… ¿y a quiénes venden ellos la producción? Sí, a ese mismo consumidor que tenía la tarifa eléctrica subsidiada pero que pagará mucho más caro ese producto por el traslado del mayor costo energético)
Primeros alertas para el gobierno: el Indice de Confianza del Consumidor viene en picada desde enero (61) a octubre (47.9), el menor nivel desde 2004, que fue de 46.7. La Expectativa de Inflación para los próximos 12 meses es de 25%, el Indice de Confianza en el Gobierno cayendo desde enero también, todo según datos de la Universidad Torcuato di Tella.
¿Qué es real hoy en Argentina? Todos los datos económicos que publica el gobierno han sido en mayor o menor medida “refrescados” para dar una sensación de mayor bienestar y crecimiento.
Y la otra pregunta es: ¿cuándo se producirá el estallido de lo que hoy está “contenido”? o ¿qué mecanismo de freno se impulsará para corregir tanto desborde? Kirchner habla de “pacto social”, y los pactos de este tipo no han funcionado en Argentina más que para liquidar políticamente a alguno, previa crisis de envergadura a que la sociedad fuese toda sometida.
La Argentina ha defaulteado por segunda vez, gracias a la manipulación del índice de inflación, que está perjudicando a los tenedores de bonos argentinos indexados por índice de precios. Es que se tapa la inflación y el pobre infeliz tenedor de bonos argentinos pierde su indexación por inflación porque la que publica el gobierno es menor a la que realmente es. Y quien confió en la deuda soberana del país, perdió nuevamente.
¿Y el gobierno pide inversiones? La inflación también la pide a gritos, para poder bajar. Hoy en Argentina se castiga al inversor: aquél que produce es golpeado por mayores costos (energía, costos laborales) y por regulaciones, si tiene la mala suerte de que sus productos tengan precios regulados por el gobierno. ¿Qué hace ese empresario? Por algún lado ajusta: por calidad o cantidad, ya que por precio no puede hacerlo. Por calidad: probablemente los argentinos terminemos con aletas o envenenados, de acá a unos años. Pero lo importante hoy, es el ajuste por cantidad: el empresario retira línea de producción… muchos lácteos que faltaban en las góndolas argentinas, aparecieron por magia de Harry Potter en las góndolas uruguayas -según pude constatar personalmente en supermercados del país vecino. ¿Vieron también que muchos productos vienen en volúmenes cada vez menores? Y baja su precio me diría cualquier persona con mínima noción económica. No, es que en Argentina tenemos una vasta experiencia económica y solemos aplicar políticas revolucionarias que nadie en el mundo entiende. Si hasta el FMI nos advertía que nos iba a llevar años superar la crisis y crecer…pero claro ellos no evaluaban que acá los manuales básicos de economía se incendiaron hace rato y aplicamos recetas caseras, exóticas. Tanto para crecer como para liquidarnos.
Si Fellini hubiera sido argentino habría sido documentalista, me suele repetir un amigo local con plena observancia de la realidad argentina.
El jefe de campaña de Cristina ha estado operando en las sombras. Pero lo hemos descubierto: es Samuel Beckett. Con este modelo de candidata, la plataforma electoral ha pasado a parecerse a la obra de teatro ‘Esperando a Godot’. ¿Alguien la conoce? ¿Por qué no existe? ¿Hay miedo? ¿Habrá fuerte ajuste? ¿No se sabe cómo seguir? ¿Hay presiones? El “pacto social” ¿es más para temer que para celebrar? ¿Habrá fuerte aumento de tarifas de servicios públicos? Estamos los votantes tan perdidos como en una película de terror con final abierto. No perdamos de vista las propuestas de la candidata electoral que se circunscriben a: “que el sueldo rinda”, o “sabemos cómo hacer el cambio”, “que se invierta más”; expresiones de deseo más a tono con las ondas de amor y paz de los pastores televisivos de la medianoche que con planes de gobierno de un candidato presidenciable.
Los argentinos estarán votando no un futuro, sino un pasado. No saben lo que votan ni a quién, por más que crean que sí. La determinación de la candidatura presidencial se ha efectuado entre sábanas. Pero no las electorales, sino las conyugales. La democracia también ha sucumbido al INDEC. La Argentina avanzó por inercia, por envión externo, por la soja, el trigo y el maíz. Y parece pronosticar que esta vez, un segundo gobierno kirchnerista enmarcado en su mujer, tendrá características similares a las del segundo gobierno de Menem.
Boomerang que no vuelve… es un palo.
Desde territorio argentino, y sobreviviendo a la nada…,
Paola Pecora
October 23rd, 2007 at 9:52 pm
impecable!!!
October 25th, 2007 at 5:39 am
I admire how much you really understand the situation in Argentina, both past and present. History does repeat sometimes. I don’t want to see Argentina facing another crisis but I have to face reality.