Por Horacio Pozzo
Nota de la Editora: Hoy nos adentramos en Brasil y su economía. Ya en su artículo de ayer, Horacio nos comentaba sobre las mejoras en las demandas internas de los países sudamericanos… algunas luces de alerta en Brasil, no graves, pero que requieren atención. Me pueden enviar sus comentarios a: paola@moneyweekes.com
En Brasil la Demanda Doméstica Sostendrá al Crecimiento, Pero…
Buenos Aires, Argentina
19 de febrero de 2008
Hoy quiero retomar en parte lo tratado en el artículo de ayer, donde les comentaba que, en líneas generales, uno de los motivos por los cuales considero que las economías latinoamericanas no sentirán tanto el impacto de la crisis en los EE.UU. se explica por la dinámica observada en el consumo doméstico, el cual se ha venido recuperando de la mano de la disminución en el desempleo y del crecimiento del salario real.
Y quiero enfocarme en el caso específico de Brasil, en donde la dinámica del consumo está ayudando a compensar la debilidad que se empieza a observar en el sector externo. Esta sí es una buena noticia para Brasil, pero atención, porque existen ciertos riesgos que no hay que perder de vista ya que pueden obstaculizar el crecimiento sostenido de este país, que está a la espera del tan ansiado “grado de inversión”.
El crecimiento del consumo se ha venido acelerando en los últimos años, registrando en 2007 un incremento estimado del 5,5 %, cuando en la última década, su crecimiento promedio fue del 2,4 % anual (y había alcanzado el 4,5 % de crecimiento promedio en el período 2004-2007). Si bien aún existen mejoras por alcanzar en temas de distribución del ingreso, claramente los brasileños van a poder decir que todo tiempo pasado fue mejor.
El aumento del consumo se debe a la mejora en el nivel de ingreso y a la disminución del desempleo. Para el 2002, el ingreso per cápita en Brasil ascendía a US$ 2.794 y a finales del 2007 alcanzó un nivel estimado de US$ 6.943 (¡un 148,5 % de incremento en tan sólo 5 años!). Es verdad que debo aclarar que una buena parte de esta mejora del ingreso per cápita en dólares se explica por la apreciación del tipo de cambio durante dicho período, pero esta apreciación del tipo de cambio también implica una mejora en el poder adquisitivo de la población que se beneficia del “abaratamiento” de las importaciones. En relación a la evolución del desempleo, el mismo se mantuvo entre el 2001 y el 2003 por encima de los dos dígitos y fue disminuyendo hasta alcanzar en diciembre de 2007 su menor nivel en los últimos 10 años, al ubicarse en un 7,4%.
¿Y qué viene pasando con las cuentas externas brasileñas? El sector externo, muestra un sensible deterioro de la cuenta corriente como consecuencia de la apreciación del tipo de cambio nominal (que en 2007 fue de un 17 %) y en el último trimestre del 2007 cerró en rojo. Debo decir que la apreciación del tipo de cambio no impidió que las exportaciones continuaran con su dinámica de crecimiento (crecieron un 19,5 % interanual en el último trimestre del 2007), pero generaron un aumento explosivo en las importaciones que en el último trimestre del año se incrementaron un 42 % (en términos interanuales).
El déficit que tiene Brasil en la cuenta corriente se origina por un menor superávit comercial combinado con un mayor déficit en servicios y las perspectivas de persistencia de dicho déficit es una luz de alerta que hay que seguir con atención. No sea cuestión que la apreciación del tipo de cambio real en Brasil, en parte inflado por el flujo de capitales externo, transforme al déficit en crónico como le ocurrió a la Argentina en el período de convertibilidad.
Pasando a la problemática de la inflación, en el cierre del 2007, si bien se ubicó dentro de las metas del Banco Central de Brasil, lo hizo sobre su límite superior. Ello hizo que el Comité de Política Monetaria decida mantener la tasa de referencia (Selic), en 11,25 %, aunque es probable que se produzca una suba de la misma en el 2008 para controlar las presiones inflacionarias. Ello podría afectar a la demanda doméstica y aumentar las presiones sobre el tipo de cambio, lo cual enciende otra luz de alerta.
El déficit de las cuentas fiscales es otro tema a seguir de cerca. Como dato positivo, si bien Brasil viene arrastrando un déficit fiscal durante varios años, el mismo se encuentra en retroceso y para fines de 2007 su valor estimado ascendía al 2 % del PBI. El freno que le impuso a principios de año el Congreso al paquete impositivo le dificultó las cosas a Lula, que tuvo que incrementar las alícuotas de otros dos impuestos financieros vigentes y recortar gastos equivalentes a unos US$ 10.000 millones para compensar en parte el fin del impuesto a las operaciones financieras, que Lula pretendía renovar. Lula espera cerrar el bache fiscal aumentando la recaudación producto de un mayor crecimiento económico y de una mayor eficiencia recaudatoria. Veremos si lo logra.
En las últimas semanas surgieron una serie de rumores que daban cuenta de posibles problemas energéticos en Brasil (ya los tenemos en Argentina y Chile). El responsable de la Agencia Nacional de Energía Eléctrica de Brasil (ANEEL), Jerson Kelman, advirtió que se podrían producir racionamientos de energía por la sequía en dos regiones clave y por la escasez de suministro de gas natural. Pero esta advertencia fue desestimada tanto por Lula quien dijo: “Estamos preparados para crecer 5% y hasta un poco más sin problemas de energía” y por el ministro de Energía, Nelson Hubner, quien aseguró: “está descartado un apagón eléctrico en 2008 y 2009″. Por lo pronto, una comitiva del gobierno brasileño irá a Buenos Aires para acordar la distribución del gas boliviano entre ambos países. Veremos qué puede ocurrir…
En Brasil existen luces de alerta en varios frentes, que si bien no generan una preocupación seria, sí requieren que el gobierno se ocupe de ellas. Lo que queda claro es que con la continuidad del crecimiento económico, el consumo doméstico seguirá creciendo vigorosamente y los negocios orientados al mismo tendrán un buen potencial de crecimiento. De esto mismo y como les comenté en el artículo de ayer, tomó nota el holding chileno Cencosud que se acaba de instalar en Brasil.
El buen momento que está pasando la población brasileña se refleja también en el nivel de popularidad de Lula, cuyo gobierno goza de una aprobación del 52,7 % (en octubre había sido del 46,5%), según se puede apreciar en una encuesta realizada por el Instituto Sensus.
Nos encontraremos nuevamente mañana,
Horacio Pozzo
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