Por Paola Pecora

Hoy el diario La Nación de Buenos Aires nos sorprende con la noticia de que un avión argentino, un Pucará A-561, ha logrado volar llevando en una turbina querosén aeronáutico (80%) y en la otra la alquimia del siglo XXI: ¡¡biocombustible!! ‘Biojet’, elaborado a base de aceite de soja (20%).

Cabe la posibilidad de que quienes presenciaban la prueba y al cerrar sus ojos no pudieran determinar a ciencia cierta si estaban en un aeropuerto o en la cocina del mismo (imaginemos un mundo ‘ideal’ en que parte de la energía se obtuviera de los aceites vegetales… viviríamos todos fritados …)

El diario agrega que el ‘biojet’ tiene las mismas prestaciones que el querosén “pero bastantes ventajas potenciales en lo ambiental (menos emisiones de carbono fósil y de azufre) y en lo económico”.

Estados Unidos planea reducir su consumo de petróleo un 20% en diez años. El presidente Bush aboga por una mayor producción de etanol por dos razones: por razones de seguridad interna y por… por… sí… me animo… por razones ‘medio ambientales’.

Agricultores de Estados Unidos planean sembrar un 15% más de maíz este año con respecto al 2006, nivel nunca antes visto desde la Segunda Guerra Mundial, gracias a los mayores precios, según el New York Times. Si bien Los mercados de commodities reaccionaron a la baja el viernes luego de difundida la noticia, debieran tomar en cuenta que la cosecha será barrida en el futuro por una mayor producción del ‘bioparadigma’.

La Unión Europea en 2020 planea depender en un 20% de energía renovable.
Lo cómico de todo esto es que al mismo tiempo se envían proyectos de ley proponiendo reducciones en emanaciones de carbono.

La llegada a nuestras vidas de los biocombustibles tanto biodiesel (elaborado a partir de aceites vegetales) como etanol (elaborado a partir de carbohidratos del tipo azúcar, maíz, mandioca) ¿Es la alternativa energética que nos hará prescindir del petróleo o en gran parte de él?

Este nuevo paradigma energético puede ser capaz de golpear en dos puntos muy sensibles: el inflacionario y el ecológico.

1) La inflación anual en alimentos está en niveles del 3.1% en Estados Unidos. Los productos agrícolas se dispararon un 30% en los últimos siete meses. El maíz casi duplicó su valor desde el año pasado provocando a su vez aumentos en los precios de la carne, leche (economistas predicen un 9% de aumento en el precio de la leche para mediados de año en Estados Unidos) cereales, endulzantes, (Michael Pollan en su libro ‘The Omnivore’s Dilemma: A Natural History of Four Meals’ que tuve oportunidad de hojear en mi reciente estadía e inevitable y extensiva inmersión en librerías de New York nos lista todos los productos que increíblemente contienen maíz: desde pasta de dientes a
salchichas y las vitaminas esas que tomamos para que nos crezca el pelo o estimulemos la memoria. Mejor que estas ultimas no las ingiramos, y perdamos definitivamente la memoria, ya que si no tomamos los recaudos suficientes para prevenir los males mayores que un masivo e intensivo uso de biocombustibles puede acarrearnos, recordaremos tarde que los combustibles fósiles eran una alternativa menos nociva que la de los biocombustibles.

2) El inevitable daño ambiental. La deforestación que abre camino a nuevas extensiones de cultivos de soja y maíz es devastadora. Consecuencias: erosión por monocultivos, daño de biodiversidad, desaparición de especies, aumento de desertificación y con ella las inundaciones (Argentina, Africa) y sequías (Australia, Brasil); los incendios que arrasan con la vegetación son a su vez enormes generadores de lo que se pretende disminuir con el uso del etanol (la baja en la emisión de dióxido de carbono). Probablemente debamos comprar botes y no tantos automóviles.

Estudios de la Universidad estadounidense de Cornell aseguran que el etanol obtenido del maíz consume más energía de la que produce.

Lester Brown, presidente del Earth Policy Institute, en una nota al Washington Post http://www.earth-policy.org/ comentaba que si Estados Unidos convirtiera toda su cosecha en etanol, satisfacería menos del 16% de la demanda de combustible para sus automóviles.

Daniel Montamat, ex-Secretario de Energía de la República Argentina comentaba en el diario La Nación: “Si toda la producción mundial de aceites y grasas (150 millones de toneladas anuales) se destinara a la producción de biodiésel para sustituir gasoil, sólo lograríamos satisfacer el 12% de la demanda mundial de este producto petrolero. Si toda la producción mundial de caña de azúcar (alrededor de 150 millones de toneladas año) y la de maíz (725 millones de toneladas año) se volcara a la producción de etanol, sólo podríamos reemplazar el 24% de la demanda total de nafta”.
Dennis Avery, del Hudson Institute, advierte que tomaría más de 545 millones de acres (221 millones de hectáreas aproximadamente) de maíz para reemplazar la demanda actual de nafta por el etanol. Considerando que Estados Unidos cuenta con 178 millones de hectáreas cultivadas, a menos que se construya una isla artificial como en Dubai y se plante maíz, no le veo otra solución más que seguir dependiendo energéticamente del exterior. 

Una gran cantidad de científicos asegura que se requiere más energía para producir etanol que la energía que provee.

Interesantes alternativas de inversión: Archer-Daniels-Midland (ADM), una de las mayores compañías alimenticias y la mayor productora de etanol a base de maíz; Pacific Ethanol (PEIX), productora y comercializadora de etanol, su mayor accionista es Bill Gates; Xethanol Corp. (XNL)

¿Qué razón se esconde detrás de esta manía por un biocombustible de tan alto costo y que no alcanzará a cubrir la demanda mundial de energía? ¿Para qué ir tras un combustible que requiere un gran gasto en subsidios, costo ecológico, que no reemplazará al petróleo, de mayor costo aún que éste, y no generará más limpieza ambiental sino lo contrario? ¿Se pretende beneficiar a algún sector a expensas de otro? ¿A determinadas compañías quizás? ¿A un importante sector de futuros electores?

Y si alguien me tildase de ‘ecologista de izquierda’, luego de esta nota, sólo una cosa tendría para decirles: “A mi derecha maíz, y a mi izquierda… también”.

Hasta la próxima.

Paola Pecora

April 2nd, 2007
Economía, Estados Unidos, Macroeconomía

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