Por Horacio Pozzo

Quiero compartir con ud. un informe de la consultora argentina Montamat & Asociados, especializada en temas de energía y medio ambiente, en donde realiza un relevamiento del costo de los combustibles en Latinoamérica.

Según dicho informe, mientras en Brasil, Chile y Uruguay, la nafta súper cuesta alrededor de U$S 1,45 el litro, en Argentina cuesta U$S 0,69 el litro (y en Venezuela el precio por litro es de ¡¡U$S 0,04!!). Para el caso del gasoil, el precio en los tres primeros países ronda los U$S 1,04 – U$S 1,17 el litro, mientras que en Argentina cuesta U$S 0,58. Algo similar ocurre en el caso de la energía eléctrica y del gas natural.

No quiero que me catalogue como un defensor a ultranzas del liberalismo, pero me gustaría que Ud. entienda por qué pienso que las políticas llevadas a cabo por Brasil, Chile, México (por nombrar los más representativos), en materia energética son las adecuadas y por qué la Argentina (y Venezuela, aunque este país posea gran cantidad de recursos energéticos) está eligiendo un camino que le deparará un gran costo en un futuro inmediato.

El caso de Brasil resulta ejemplificador. Durante muchos años Brasil ha sido un país con un gran déficit energético. Es así que el gobierno de dicho país tomó como política de estado generar los incentivos necesarios para que el sector privado invierta en colaboración con el gobierno y así lograr el autoabastecimiento energético. Pero en una economía de mercado, cuando hablamos de “incentivos”, estamos hablando de precios. La escasez energética se hacía sentir en el costo de la misma, generando moderación en el consumo e incentivos en la inversión.

Cuando leí en los periódicos acerca del descubrimiento petrolífero frente a las costas del estado de San Pablo, comprendí inmediatamente que dicho evento no resultó un hecho casual, sino el resultado de una política concreta que el gobierno brasilero considera estratégica para el crecimiento sostenido del país.

El caso de Argentina, por el contrario, muestra a un gobierno que, desde la crisis, ha intervenido fuertemente en el sector energético controlando los precios, los cuales se atrasaron progresivamente en relación a los precios internacionales, e incluso se atrasaron en relación a los precios relativos del resto de los bienes y servicios de la economía. Esta distorsión de precios relativos, Ud. la puede encontrar claramente en Venezuela, un país en donde le va a resultar más barato beber un litro de nafta que una botella de agua.

Esta política de energía barata provocará que en poco tiempo Argentina pase de ser exportador neto de combustibles a importador, en cuyo caso estará más expuesto a la dinámica de los precios internacionales.

La dependencia energética hace a los países más vulnerables a cualquier situación externa adversa. Algo de esto le ocurrió a Chile durante el pasado invierno cuando la Argentina no pudo cumplir con los envíos de gas comprometidos. Leo hoy en el diario chileno Estrategia que, afortunadamente para Chile, ya se están articulando medidas para estar preparados para el próximo año.

Es por ello que considero sumamente importante para Ud. inversor, que esté bien informado sobre qué política energética están llevando a cabo los países de la región para de ese modo mantener bajo control este tipo de riesgos en sus decisiones de inversión.

Nos encontraremos el próximo jueves,

Horacio Pozzo

December 4th, 2007
Energía, Latinoamérica, Macroeconomía

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