Por Horacio Pozzo
Nota de la Editora: Argentina es un país que está acostumbrado a moverse en los extremos. De una convertibilidad furiosa de su moneda que ya no resistía mayor prolongación en el tiempo se pasó sin medias tintas a una devaluación furiosa también, en que muchos se enriquecieron de la noche a la mañana, pero otros perdieron todos sus ahorros, así de extremista fue la situación para la población argentina también. Y el modelo hoy sufre, nuevamente. Me pueden enviar sus comentarios a: paola@moneyweekes.com
Se Agotan los Efectos Positivos de la Crisis Argentina
Buenos Aires, Argentina
6 de mayo de 2008
Conozco mucha gente que sufrió con dureza la crisis por la que atravesó Argentina en el 2001. Uno de ellos, un vecino mío, perdió buena parte de los ahorros de toda su vida con el famoso corralón financiero instaurado por el entonces ministro de economía, Domingo Cavallo. Tengo también amigos a los que les costó mucho conseguir un empleo durante bastante tiempo. Incluso en el barrio donde vivo, existe un supermercado que fue saqueado en medio de la crisis.
Es verdad que las crisis no son buenas y generan muchos costos a la sociedad, como queda claro en estos casos que conozco en profundidad, pero en el caso de la crisis argentina, se generaron también derivaciones de la misma que le habían provocado a la economía una serie de efectos positivos.
La explosión de la convertibilidad (eso es lo que fue, una explosión del modelo), permitió liberar el tipo de cambio en relación al dólar, que en pocas semanas pasó del 1 a 1 a cotizar a $ 3,70 por cada billete verde. Y más allá de que en ese momento las especulaciones de los analistas indicaban que el dólar podía continuar con su vuelo hacia los $ 7, con consecuencias (híper)inflacionarias, lo cierto es que le permitió a la economía argentina una mejora sustancial en la competitividad y así poder contar con una mayor demanda externa, en un momento en donde la demanda doméstica estaba atravesando por una crisis profunda y en donde el sistema financiero estaba totalmente incapacitado para poder, al menos, intentar incentivarla.
Producto de la crisis, se logró también equilibrar las cuentas fiscales. La explosión del modelo que generó una disparada en el tipo de cambio y un salto en los precios durante el 2002 posibilitó un fuerte crecimiento en los ingresos tributarios vía mayores retenciones y mayor recaudación por efecto inflacionario. Y la mejora en la recaudación se reforzó luego vía una mejora en la actividad económica. Mientras ello ocurría por el lado de los ingresos, el gasto público crecía lentamente.
La crisis argentina que derivó en el default de la deuda pública, puso al país en una situación propicia para llevar adelante la renegociación de la misma con una importante quita del principal de la deuda y una restructuración de los plazos de pago de sus servicios. De este modo, Argentina lograba un escenario despejado, en los años inmediatos, de pesados servicios de la deuda.
Pero a seis años de la crisis y a pesar del muy buen contexto externo que disfrutó Argentina durante este lapso, parecen estar agotándose los efectos positivos derivados de la crisis. Y lo más grave es que la situación actual tiende a ser peor en algunos aspectos a la existente previa a la crisis.
La mejora en la competitividad de la economía argentina parece estar esfumándose rápidamente. A pesar de que el tipo de cambio nominal en relación al dólar se mantiene en torno a los $ 3,2, lo cual implica que se viene produciendo una depreciación nominal del tipo de cambio, la aceleración inflacionaria que está padeciendo el país y que comenzara a manifestarse en 2005, genera una fuerte apreciación real.
Para algunos analistas del mercado, la apreciación cambiaria real en Argentina no está muy lejos de la apreciación del tipo de cambio real registrada por Brasil y Colombia (los dos países con mayor apreciación nominal de su tipo de cambio desde inicio del 2007). Es que con una tasa de inflación superior al 20% interanual (incluso para algunos analistas de mercado ya se encuentra en el orden del 30%), el tipo de cambio real entre el peso argentino y el dólar, registró una apreciación acumulada superior al 17% desde inicios de 2007.
Para peor, esta tendencia del tipo de cambio real se mantiene (incluso pareciera ser que se acelera por efecto inflacionario), y según la consultora argentina Prefinex, se espera para este año una caída en la competitividad de Argentina respecto a los EE.UU. de un 12,6%.
No sólo se ha deteriorado la competitividad del país, sino que también lo ha hecho el superávit fiscal. A pesar de los buenos números que se exhiben en materia de ingresos fiscales, que en el mes de abril mostró un crecimiento interanual del 45%, lo cierto es que el gasto público también crece de manera espectacular. Pero este no es todo el problema detrás de este superávit fiscal en retroceso, sino lo peor de todo es que el mismo se apoya cada vez más en la bonanza externa que le permite grandes recaudaciones a través de las retenciones a las exportaciones. Y al mismo tiempo que se incrementan las retenciones (cuya recaudación no se coparticipa con las provincias), se reduce el ingreso de las provincias lo cual agrava la situación fiscal de las mismas.
A la menor competitividad y menor superávit fiscal, hay que agregarle otro deterioro más en la situación de la economía argentina: el fuerte crecimiento de la deuda pública. Luego de una exitosa reestructuración de la deuda pública con una importante quita y una mejora sustancial en la estructura de pagos de la deuda, hoy por hoy, a tres años del cierre del megacanje de la deuda (que se produjo el 25 de febrero del 2005), el monto actual de deuda pública no es muy diferente del existente previo a la crisis del 2001.
Actualmente la deuda pública de Argentina asciende a US$ 144.728,6 millones. Bueno, en realidad la cifra real es mayor ya que este monto no considera a los holdouts y sería aún mayor según varios analistas, si el dato de inflación declarado por el gobierno se aproximara más al estimado por el mercado (para la consultora argentina Econométrica, si el Gobierno hubiera convalidado una inflación del 17% la deuda habría aumentado otros US$ 4.800 millones durante dicho período).
Lo cierto es que esta cifra de deuda pública se encuentra en los niveles que tenía en el final del gobierno de De la Rúa, cuando se desató la crisis. Y no solamente en términos nominales sino también en porcentaje del PBI.
Deterioro de la competitividad, del superávit fiscal e incremento de la deuda pública a niveles del 2001… ¿Puede haber algo peor? Si, y paso a enumerar: el aumento de la dependencia del superávit externo de las exportaciones agrícolas, el aumento de la dependencia del superávit fiscal de las retenciones a las exportaciones, un incremento desmesurado de los subsidios para evitar mayores incrementos en los precios, con derivaciones en la distorsión de los precios relativos de la economía. A todo esto hay que agregarle un contexto no propicio para el desarrollo de inversiones productivas (especialmente las de largo plazo que requieren un contexto de estabilidad para invertir), que además se ve reflejado en los problemas energéticos (faltantes de combustibles y de energía eléctrica). Y como frutilla de postre, se volvió a instalar con fuerza un mal con el que el país convivió durante mucho tiempo y que parecía desterrado: el problema inflacionario… Los argentinos se han vuelto a acostumbrar a convivir con inflación y eso es preocupante.
Todavía se está a tiempo de cambiar para evitar que esta situación derive en una nueva crisis… ¿Podrá hacerlo el nuevo ministro de economía?
Nos encontraremos nuevamente mañana,
Horacio Pozzo
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